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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los tres consejos del rey.

Mientras navegaba por el Amazonas conocí a un chico llamado André que nos acompañaba en las noches mientras tomábamos cerveza, tocábamos la armónica y cantábamos rancheras a la luz de las estrellas.

El tema es que entre canción y canción también intercambiábamos relatos que o bien habíamos inventado o bien habíamos leído en alguna parte. Uno de los que contó nuestro amigo André me pareció curioso y lo comparto con vosotros, él lo tituló “los tres consejos del rey”, o algo así:

             “Había una vez un muchacho que vivía en un pueblito pequeño. Un día conoció a una preciosa chica también de su pueblo y se enamoró. La muchacha quedó embarazada pero como ellos eran muy pobres él decidió irse a buscar un trabajo lejos de su pueblo para poder mantener a su familia. El muchacho caminó y caminó y al final llego a un precioso castillo. El rey lo recibió y el muchacho le contó su historia, a lo que el rey le respondió dándole trabajo como ayudante en la cámara real. Pasaron los años y el muchacho había cogido tal confianza con el rey que ya prácticamente eran como amigos. Pasaron 20 años desde que el muchacho marcho de su tierra y creyó que ya era tiempo de pedir su parte al rey y regresar. Se reunió con el rey y éste le ofreció un trato. Podía pagarle una gran suma de dinero por los 20 años a su servicio o bien podía ofrecerle 3 sabios consejos. El hombre se quedó un rato pensativo pues si se quedaba todo el dinero no necesitaría trabajar más en su vida, pero quizás los consejos le fueran necesarios, así que al final dijo: “me quedo con los consejos”. EL rey se sorprendió gratamente pues pensaba que había tomado una buena decisión.

- El primer consejo que te doy – dijo el rey – es que nunca dejes un camino viejo por seguir uno nuevo. El segundo, que no te metas en asuntos que no te incumben. Y el tercero es que antes de actuar piensa dos veces.

El muchacho no entendió muy bien para qué le iban a servir estos consejos, aun así agradeció al rey, tomó sus pertenencias y empezó el camino de regreso.

Al poco tiempo de estar caminando observó una bifurcación, por un lado seguía el camino viejo, por el que él vino cuando llegó al castillo. Pero éste parecía en desuso, las hierbas habían ocultado parte del mismo. Al lado había un camino nuevo, adoquinado y mucho más acondicionado, parecía llegar al mismo lugar. Por un momento pensó en ir por el nuevo camino pero recordó el consejo del sabio rey que le decía: “Nunca dejes un camino viejo por seguir uno nuevo”, entonces se lo replanteó de nuevo y decidió tomar el antiguo camino.

Llevaba varios días de viaje y las provisiones escaseaban ya, además empezaba a hacer frío y se estaba haciendo de noche. Entonces vio a lo lejos un castillo y se aventuró a preguntar por refugio. Enseguida le abrieron y el señor del castillo le invitó a comer, pues estaba solo y pensó que un poco de compañía no le vendría mal. Empezaron a servir la cena, un gran banquete, y mientras el señor le preguntaba sobre la vida del hombre. Éste le contaba todo aquello que podía para tener contento al señor. No obstante, el hombre no dejaba de escuchar unos gritos que parecía que venían de unas mazmorras, eran bien desagradables y se moría de ganas por preguntarle de dónde procedían aquellos aullidos. Pero de pronto volvió a recordar el segundo consejo del rey, “no te mentas en lo que no es de tu incumbencia”, y decidió ignorar el griterío.

- Estoy asombrado, – dijo el señor al terminar la cena – has estado toda la noche aquí y no me has dicho ni una sola palabra acerca de los gemidos. Eso me alegra, pues siempre que tengo algún invitado como tú me pregunta, lo cual me pone muy furioso y lo encierro allí con el resto. En cambio tú no has dicho nada y por ello te voy a regalar un caballo y provisiones para que tengas un buen viaje de regreso y además añado 15 monedas de oro, con lo que tendrás para alimentar a tu familia durante un buen tiempo.

- Muchas gracias, - dijo el hombre – aunque antes de marchar me gustaría hacerle una pregunta. Al venir hacia aquí había una bifurcación con dos caminos, uno bien nuevo y el que me ha llevado hasta aquí. ¿A dónde se dirige el camino nuevo?

- Buena pregunta, el nuevo camino es prácticamente paralelo a éste, la diferencia es que aquel camino está frecuentado por comerciantes, pues llevan carros pesados y esto atrae a los ladrones que también merodean la zona, estoy seguro de que te hubieran asaltado. En cambio, este camino es tranquilo pues nadie se aventura a tomarlo. Y ahora ve y no te demores, pues tu mujer lleva muchos años esperándote. – Concluyó el señor.


En los siguientes días el hombre avanzó bien rápido, pues tenía un buen caballo. Al fin estaba llegando a su casa, se plantó en la puerta e hizo la intención de llamar, pero se detuvo antes de hacerlo y prefirió mirar por la ventana a ver si había alguien. De pronto, vio una imagen que le sobrecogió, su mujer estaba abrazando a otro hombre, joven, bien alto y fuerte. Ella le había traicionado. Entonces entró en cólera el hombre y cogió un garrote que había en la puerta esperando a que saliera el amante. La puerta se abrió y cuando estaba a punto de dejarlo seco de un garrotazo recordó el tercer consejo “piensa dos veces antes de actuar”. Esto hizo que bajara el madero y lo depositara en el suelo. Miro bien a aquel hombre y se fijó en sus ojos, eran igualitos a los suyos. Era su hijo. ¡Pero qué barbaridad hubiera cometido si hubiese actuado sin pensar! Él se presentó, y los dos se fundieron en un abrazo. Gracias a los tres consejos del sabio rey el hombre consiguió regresar con su familia.”



Bueno, y hasta aquí su relato, o mi versión de su relato pues tampoco lo recuerdo palabra por palabra. No es que sea muy profundo, ni demasiado elaborado, pero tiene su aquel. Se le pueden dar muchas interpretaciones a esos tres consejos. Espero os haya gustado.




miércoles, 12 de octubre de 2011

No hice nada, y siento que debo pedir perdón.


Siempre había visto este día como un día glorioso para España, era un día para sentirse orgulloso, o eso me decían los que me rodeaban, pues yo solo era un niño. Recordaba las historias del pasado y me emocionaba recreándolas: “aquellos valientes aventureros que se montaron en tres carabelas, pasando por mil y una adversidades cruzando el océano atlántico, al fin llegaron y descubrieron América. Paraíso de los paraísos, donde los nativos recibieron con los brazos abiertos a los colonizadores, ofreciéndoles oro y plata con tal de que los evangelizaran y los occidentalizaran, pues los pobrecitos vivían como salvajes y se tapaban con taparrabos. Así fue la conquista de América. Bueno, de las indias, pobre Cristóbal Colón que murió sin saber que había descubierto un nuevo continente. Poco a poco otros grandes conquistadores como Francisco Pizarro o Hernán Cortés se fueron abriendo paso como héroes para ofrecer al gran Imperio Español nuevas tierras…”

Conforme fui creciendo empecé a ser más crítico con todos aquellos dogmas de fe que me habían hecho aprender, la primera en caer fue la religión, pero esa es otra historia. El problema es que yo seguía sin cuestionar la conquista de América y hasta los quince seguí emocionándome al oír hablar de los valientes conquistadores. Fue a esa edad, en clase de historia, cuando nuestro profesor nos hizo una pregunta: “¿Sabéis qué pasó en 1492?”, obviamente todos contestamos prácticamente al unísono: “el descubrimiento de América”. “¡No!”, contestó, y se dirigió a la pizarra y dibujó ocho guiones “_ _ _ _ _ _ _ _”, “decidme letras o una palabra que quepa aquí”, “la B”, “no”, “la N”, “sí”, “la i”, “sí”, “I N _ _ _ I _ N”, y como un rayo me aventuré a gritar: “¡¡INVASIÓN!!”, la verdad es que tampoco había sido un lumbreras, pues la palabra estaba prácticamente escrita, pero el azar hizo que yo fuera el primero en decir esa palabra, “invasión”, y el rápido “¡sí, correcto!” de mi profesor hizo que se me quedara retumbando en mi cabeza, grabándose a fuego en mis neuronas, “invasión”, “la invasión de América”, hasta ese día siempre había visto ese hecho histórico de una manera positiva, pero ese día todo cambió, la palabra “invasión” no era para nada positiva, “invadir” no era un verbo con el que se hacían amigos, nada tenía que ver con el “colonizar” que tantas veces me habían repetido y que parecía inofensivo.

Pasaron los años, y pese a no ver con los mismos ojos aquello que comenzó el 12 de octubre de 1492, no le di mucha importancia. La suerte, el destino o mi empeño en conocer el mundo hizo que me desplazara a Sudamérica a estudiar; hace hoy poco más de dos meses que me encuentro en Lima, Perú, y ya he tenido mis discusiones, siempre en broma, tocando el tema de la invasión por parte de los españoles del “nuevo mundo” con mis amigos latinos (bueno, latinoamericanos, porque no vamos ahora a discutir quién es más latino que quien). El tema es que por una parte tienen razón, los españoles vinieron aquí a robar, saquear, violar, destruir, quemar, imponer, evangelizar, en definitiva, a invadir América; y eso hace que yo me sienta en parte avergonzado pues, aunque yo no sea muy patriota, en mi pasaporte (como me suelen decir ellos) sí que pone que soy español. Pero siempre les contesto lo mismo, “¡¡acaso estaba yo aquí, que yo no hice nada!!”. (Todo esto hay que entenderlo en un contexto de amistad y mientras bromeamos).

El tema es que he pasado de sentirme orgulloso a sentirme avergonzado por las barbaries que “mis antepasados”, suponiendo que alguno fuera un conquistador lo cual dudo bastante, hicieron en estas tierras; pero de lo que más me avergüenzo es de que el supuesto día más importante de España sea este día, el 12 de octubre, seguro que hay días en el año de sobra para celebrar cosas más importantes e igualmente sentirse orgullosos de ser españoles como el 29 de septiembre, nacimiento de Miguel de Cervantes, o el 13 de abril, mi cumpleaños. Por estas razones hoy, 12 de octubre de 2011, no voy a celebrar nada, pues no hay nada que celebrar.

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Aprovecho para anunciar que en breve distribuiré mis entradas en diferentes blogs que he creado con diferentes temáticas. No obstante este blog seguirá en uso aunque solo tendrán cabida las reflexiones (como esta) y los cuentos del rincón literario. No obstante se podrá acceder a cualquiera de mis blogs desde un blog central del cual os adelanto el nombre: "Filosofía Pirata". Aunque aun no está visible.
Un saludo, David Alcora.
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martes, 13 de septiembre de 2011

El alcance del 15M. El eco indignado resuena en Perú.


Orgulloso de ser un indignado.

“UN MISMO GRITO. Cuando las expectativas del pueblo no se condicen con su realidad, nace el descontento; cuando el Estado no responde, la indignación.” Así titulaba la portada del periódico semanal “.edu”, de la Universidad Católica del Perú, universidad a la que pertenezco en mi intercambio académico.

Fue una grata sorpresa el recoger ayer el semanario en la entrada de la universidad y encontrarme con el movimiento 15M de golpe. “El poder de la indignación. La disconformidad ante un sistema que no satisface las expectativas que despierta es el motivo por el cual ciudadanos de todo el mundo han salido a las calles a protestar. Ellos exigen un cambio drástico en las políticas de gobierno. Los indignados están por todas partes.” Y tanto que estamos por todas partes. El artículo recoge en particular a los indignados españoles, los israelitas y los chilenos, mencionando también la manifestación en Brasilia en contra de la corrupción del pasado día 7.

El informe explica los motivos por los que tomamos la calle el 15M, volvimos a tomarla el 19J y volveremos a tomarla el 15 de octubre (15O). También explica el caso chileno, en el que piden una mejor educación a menor costo, y las manifestaciones del 14 de julio en Israel. Echo a faltar una mención a los griegos, pues ellos también han formado parte de esta revuelta mundial por su situación. Lo que sí nombra es el libro de Stéphane Hessel “¡Indignaos!”, (el cual recomiendo), proponiéndolo como el origen del movimiento.

Quizás pensáis que una mención en un periódico universitario tampoco es para tanto, cuando el Washington Post ya nos dedicó una portada. Pero para mí es un símbolo. Ahora parece que se ha enfriado un poco el tema y debe prender la llama de nuevo. Además, a modo personal, al vivir en un país extranjero estás más desconectado y esto ha hecho que vuelva a la carga, a mi manera, que vuelva a reflexionar y que me dé cuenta del alcance que tiene el movimiento de los indignados. Aun recuerdo cuando descubrí la página de “Democracia real ya” por casualidad, y como un loco empecé a hablarles a mis amigos sobre el tema, no teniendo demasiado éxito al principio. Ya me sorprendí bastante cuando alrededor de 500 personas se concentraron en Castellón el 15M, y más me sorprendí cuando más de 5000 lo hicieron el 19J.

Nunca he sido patriótico, pero cuando te encuentras a casi 10.000 Km de “la terreta”, y más en un continente donde tus antepasados han causado estragos, encontrarte con este tipo de cosas hace que te sientas orgulloso de donde vienes, pues yo soy un indignado más y vengo del país de los indignados.

Y recuerda, el 15 de octubre volvemos a tomar la calle. ¡Motivos nos sobran, solo nos faltas tú!